Inexplicablemente,
he aquí que surge el espacio
en el cual convergen mis ideas y pedazos de tí.
Como buenos alquimistas, forjamos elementos para sobreponer la pérdida,
pero basta con la dejadez y de repente ya no hay ecuación equivalente
y entonces sí - las quimeras nos destruyen.
¿Cómo es que me atrevo a reconstruír lo que yace en el suelo,
el ladrillo amortiguado y la mitad del zénit del arco a medio punto?
Basta con saber cómo ambos lucían antes, pero - ¿de qué me sirve reemplazar y mezclar y reensoldar?
De la misma manera que no hubo quien detuviera el desplazamiento de la natura
la primera vez que el cimiento cedió,
ciertamente no hay duda de que habremos de repetir
este mantenimiento infraestructural hasta que la muerte nos separe de la pared.
Y yo, ¿quiero repetirme?
- ¿Esa acción de frotar y mojar y soplar un polvo viejo
hasta que el día nos despida?
Tristemente, no.
Enajenadamente, no.
Yo ya compartí mis teorías de fundaciones en concreto,
y ya me había percatado de que ésta no era estable.
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